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Batalha: la madre de todas las Batalhas

Siempre que viajaba a Portugal me quedaba con las ganas de conocer el Monasterio de Santa María de la Victoria, conocido más bien como el Monasterio de Batalha, en memoria de una épica lucha que se libró por allí en la meseta de Aljubarrota, el 14 de agosto de 1385.

Por eso ahora reserve tiempo desde un comienzo para visitar Batalha, de cómodo acceso desde Lisboa o Porto, hay varias líneas de autobuses que los llevan a esta localidad la que a su vez está muy bien intercomunicada con Fátima, Tomar, Alcobaca, Nazaré o Leiría.    El Mosteiro de Batalha obra maestra del arte gótico y manuelino, es visible nada más llegar, ya que se ubica precisamente al lado de la carretera.

Me dirijo hasta el hotel Casa de Outeiro, que queda en una colina, a sólo un paso de la parada de autobús, desde la cual se tiene una espectacular vista sobre toda la villa, pero si usted es de aquellos que detesta dormir con esa vista preciosa, hay muchas otras alternativas, ya que este es un destino eminentemente turístico.     Y como los turistas de verdad no acostumbran a madrugar, al día siguiente, mientras me dirijo en el bus de las nueve de la mañana, desde Batalha a Alcobaca, comparto el viaje con tres pasajeros: dos parroquianos de Batalha y una señora portuguesa de riguroso negro.

Los tres conversan amenamente con el chofer, que al parecer se llama Gonzalo. Uno de ellos le comenta que se encontró con dos mochileros franceses que le preguntaron si se podía llegar caminando hasta Aljubarrota y que él le respondió que sólo quedaba a 15 kilómetros de Batalha y hacia allí partieron, agrega que no entiende el interés de los turistas por ir hasta Aljubarrota.

Bueno, fue como darle cuerda a Gonzalo el chofer, quién fue reseñando con lujo de detalles la Batalla que allí se llevó a cabo.

Según sus estadísticas, los enemigos, es decir los castellanos a las órdenes de Juan I de Castilla, disponían como de 100 mil hombres, mientras que los portugueses obedeciendo a su Rey Juan I gran maestre de la orden de Avis, contaban con no más de 10 mil hombres, es decir 10 a 1.

Gonzalo atribuye a la destreza estratégica del condestable Nuno Alvares Pereira, cuya estatua ecuestre se encuentra en el acceso principal al templo, el haber literalmente “quintuplicado” las fuerzas para dar la idea a los castellanos que los portugueses eran más de lo que eran realmente. Actuaba a favor de Nuno Alvarez Pereira, el hecho que conocía muy bien la zona y situó a sus tropas entre dos ríos, de manera de complicar una eventual retirada de los castellanos.

Cuando el chofer terminó su historia, me miró por el espejo y debió haber visto mi cara de incredulidad porque me preguntó si estaba dudando de la veracidad de su historia.

Yo le respondo que no… sólo que creo que la disposición de las fuerzas era mucho menor a la que el anunció y después de una discusión en la que tomamos parte todos los que ibamos en el autobús, es decir los cuatro pasajeros, convinimos en que los castellanos eran alrededor de 30 mil y los portugueses menos de 10 mil.

Pelea por el trono

¿Por qué era tan importante esta batalla entre Juanes?. Muy simple, el que ganara esta batalla se quedaría con el Trono de Portugal y por ello Juan de Avis, prometió construir allí un monasterio, si contaba con ayuda divina para derrotar al poderoso ejército castellano. Portugal contaba con el apoyo de las tropas inglesas, mientras que España era apoyada por tropas francesas.   La batalla fue sangrienta en extremo y las bajas se multiplicaban por lado y lado. La historia cuenta que el día siguiente había tantos cuerpos de los que deshacerse que el curso de los ríos quedo bloqueado con tanto cadáver.

En tanto los soldados que lograron escapar malheridos, eran linchados en los pueblos vecinos.

La verdad al observar la tranquila meseta de Aljubarrota, 623 años después, cuesta imaginar tanta barbarie.

Entonces, obtenida la victoria, Juan de Avis, inició los preparativos para cumplir su promesa y tres años después comenzó la construcción del Monasterio de Santa María de la Victoria, que con el tiempo devino simplemente en Monasterio de Batalha.

El estilo inicial del monasterio era gótico flamígero, impuesto por el arquitecto Alfonso Domingues, quien murió antes de terminar la construcción del panteón octogonal del rey Duarte, conocido como la capilla inacabada o las capillas imperfectas. La verdad este es uno de los lugares que a mí mas me gustó del Monasterio. Entrar a estas capillas y ver el hermoso cielo azul, es un espectáculo inolvidable.

Muerto Domingues, asumió Mateus Fernández, uno de los maestros del arte manuelino, una expresión artística típicamente portuguesa.

Ausencia de campanas

Una de las características de este monasterio es la ausencia de campanas como exigía la regla de los domínicos. El edificio fue construído en piedra caliza fina y ha tomado con el tiempo un bello tono ocre.     La fachada principal de la iglesia está dividida en tres partes por pilares y contrafuertes y ya en su interior nos ofrece una bella muestra de vitrales con escenas de la vida de Cristo.

Muchos nobles han tenido el privilegio de ser enterrados aquí, pudimos observar por ejemplo la tumba del rey Juan I y su esposa Filipa de Lancaster.

En las capillas inacabadas se encuentra el panteón de Don Duarte.  Una de las salidas de la capilla da justo a un Cyber café, donde tienen una muestra de quesos regionales, y una pequeña sala para jugar dardos.

Sus dueños son hospitalarios y aportan todo tipo de datos para conocer mejor la zona. Ellos me consiguen los horarios de buses para ir al día siguiente a Alcobaca y me hablan de otros atractivos en los alrededores, los que deberán quedar para otra oportunidad.

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