Europa, Sin categoría

Viajar cuando termine la pandemia: los Balcanes están esperando

Un primer viaje los Balcanes, que consideró Eslovenia, Croacia, Bosnia Herzegovina y Montenegro me abrió el apetito sobre la zona de los Balcanes y Albania, Macedonia y Kosovo comenzaron a llamarme.

Quería hacer una viaje especial, que fuera circular. Mientras intentaba dar forma al programa, me llegó una publicidad de Ambar Viajes, una agencia de Madrid especializada en la zona y aunque por norma nunca uso agencia para mis viajes, en este caso hice una excepción ya que el plan que ellos proponían se adaptaba como un  guante a lo que yo buscaba.

En realidad, era un viaje básicamente de trekking lo que en una primera instancia me desanimó ya que mi estado físico no está en buenas condiciones como para trepar a los alpes albaneses o macedónicos. Hice la consulta por teléfono y me dijeron que si no quería hacer todos los trekkings, podían seguir en el minibús y reunirme con el grupo al final.

Cuando comenté a mi familia la ideal viaje mi hijo Nicolás, amante del trekking se sumó de inmediato y fue así como a fines de agosto del año pasado nos dirigimos a Madrid, para seguir desde allí hasta la capital albanesa: Tirana.

En el Aeropuerto conocimos a nuestros compañeros de ruta todos españoles, 3 vascos y un matrimonio de Madrid, además de una guía que nos acompañaría todo el viaje, en Tirana se nos uniria la guía local, Viki Mesuti una encantadora chica albanesa, que fue el alma del viaje y de las guias con la mejor disposición que he conocido, siempre dispuesta a satisfacer todas nuestras urgencias. Hablaba perfectamente español, ya que había hecho una maestria en España.

Nada más recogernos en el aeropuerto nos llevó a un centro comercial para que pudiéramos cambiar dinero y en nuestro caso comprar un chip para el teléfono.

En general la gente tiene prejuicios sobre Albania y piensa que es una región insegura y que la gente puede ser hostil, no sé muy bien de donde vienen esas ideas, pero ya nuestra primera impresión en ese centro comercial, fue todo lo contrario, la gente fue muy amable, se esforzaron por entender nuestro poco inglés y en la medida que nos fuimos conociendo con nuestras guías y con el resto del grupo, se fue consolidando una buena amistad con gran apoyo mutuo.

En nuestro primer día en tierras albanesas, llegamos a la ciudad histórica de Berat, cuyo centro histórico ha sido declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO. Tiene poco más de 60 mil habitantes y es conocida como la ciudad de las mil ventanas. Ubicada junto al río Usum es muy fáci recorrer el casco histórico a pie.

La ciudad está considerada la más antigua del Albania y permaneció más de 500 años bajo dominio otomano, cuya influencia arquitectónica resulta innegable. La ciudad cuenta con museos que dan cuenta del trabajo en madera de sus artesanos. Caminando por las calles es común encontrar tiendas de recuerdos y tiendas de frutas donde encontré higos baratísimos y de los cuales probé kilos y kilos, por un dólar daban cerca de dos kilos y medio.

El grupo de 7 personas, viajamos todo el circuito con el mismo conductor y las dos guías, lo que hizo mucho más fácil el entendimiento. El conductor, un muchacho joven siempre estaba preocupado de que lleváramos todo el equipaje y no dejáramos nada olvidado.

Al día siguiente visitamos el Museo de Onufri, dedicado al arte y la iconografía bizantina de Berat y posteriormente seguimos ruta en dirección al mar adriático, para luego subir hasta el Parque Nacional de Llogara, donde todo el grupo fue a realizar el primer trekking, mientras yo me quedé en el hotel subiendo fotos.

Horas después regresaron cansados, pero felices por la caminata. Por la noche fuimos todos a cenar a un pequeño restaurant familiar, donde nos atendieron cariñosamente, y la cena terminó con bailes folclóricos albaneses. Creo que,  al menos yo no fui la mejor alumna pero le puse empeño. Fue un gran día, que tuvo un final bailado y de compartir con esa familia albanesa que no nos atendió como clientes sino como amigos, nos despedimos de abrazos. Ellos nos agradecieron por apoyar el turismo justo y nosotros por tratarnos con tanto cariño en la montaña

El Parque Nacional Llogara se encuentra en unos bosques entre el Mar Adriático y el Mar Jónico. En la cima entre el aire fresco de montaña y la brisa del mar, pudimos observar una bella e impresionante vista del adriático. Continuamos ruta al sur, hasta enfrentar el mar jónico y a lo lejos divisar ya las islas griegas, paramos en la costa en una localidad llamada Porto Palermo, desde donde nos dimos un baño de mar en una playa de tibias y tranquilas aguas, y luego paramos en un restaurant de frutos del mar. Y aprovechamos de visitar el Castillo de Ali Pacha. Nuestro próximo destino el sitio arqueológico de Butrinti. Se trata del complejo arqueológico más importante de Albania y que también ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Nos guió la visita una arqueóloga que hablaba muy bien español. Los restos arqueológicos, van desde la edad de bronce hasta el siglo  XIX. Además de la riqueza arqueológica junto al sitio se encuentra el lago de Butrinto, con una gran diversidad de flora y fauna marina. El sitio,  se encuentra en el mar Jónico frente a la Isla de Corfú, comunicada por un ferry de varias frecuencias al día.

Concluida la visita al sitio arqueológico abandonamos la costa y nos dirigimos a Girokaster otra belleza incluída en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. La ciudad de impronta otomana posee un casco antiguo actualmente en restauración, y las mezquitas conviven con iglesias ortodoxas, otra oportunidad para comprar higos muy baratos y a la venta en las tiendas turísticas, veo que no soy la única que le gusta esta fruta.

Al día siguiente disfrutamos de algún tiempo para recorrer la ciudad y luego tomamos el minibús para visitar el castillo de Girokaster, desde donde pudimos observar sorprendentes vistas del pueblo.

Ya a media mañana, nos dirigimos a la frontera con Grecia, la primera que atravesaríamos por tierra y que felizmente no significó ningún retraso, la guía entregó nuestros pasaportes y nadie fue objetado.  Atravesamos altísimas montañas con rebaños de cabras y una arquitectura con mucho uso de la pizarra. Visitamos antiguas iglesias bizantinas y pudimos observar el trabajo de artistas  de íconos

Alojamos en un pueblo de montaña, llamado Monodendri y mientras el resto del grupo partió a un treking, yo aproveché de recorrer el pueblo. Camino hacia el pueblo de Kalambaka en la Meteora, nos dirigimos al impresionante Cañon de Vikos, donde se realizaría uno de los trekkiings más exigentes del tour, yo me excuse por falta de estado físico y mi hijo hizo lo mismo para aprovechar de volar un dron en el espectacular cañón. Fue una excelente decisión ya que pudimos hacer breves caminatas por el cañón sin exigir tanto a nuestras piernas. Cuando llegó el grupo almorzamos en un restaurant de comida típica griega.

Concluído el almuerzo seguimos a Kalambaka, al pie de la Meteora, pudimos disfrutar de una bella puesta de sol y hacer un recorrido por el pueblo, además los que llevábamos teléfono con chip de Vodafone pudimos usar nuestros aparatos sin ninguna dificultad, aunque en general en la mayoría de los lugares que visitamos había buena señal de wi-fi.

Al día siguiente luego del desayuno los deportistas partieron caminando a los primeros monasterios, mientras que yo subí en el minibús, y llegué arriba, fresca y descansada, mientras que los que hicieron el trekking llegaron muertos. El viaje se realizó en septiembre y aún hacía mucho calor, por lo que admiré la resistencia para subir y bajar monasterios, yo hice todos los trayectos en el minibús.Todos optamos por los clásicos Giros para almorzar y también para cenar. De los seis monasterios abiertos visitamos 5 y por la tarde fuimos a una colina para ver la puesta de sol.

Al día siguiente nos esperaba un nuevo cruce de frontera, esta vez a Macedonia del Norte, donde nos esperaba el Parque Nacional Galichica con espectaculares vistas de los lagos de Prespa y Ohrid.

Siempre había soñado con el lago de Ohrid, por eso prescindí del trekking para llegar al pueblo antes y poder tomar fotos, además me pude meter al agua, mientras esperaba a los caminantes. Aunque el día amaneció bello por la tarde se nubló y llegamos al hotel que tenía una piscina maravillosa, en medio de una lluvia torrencial. Felizmente cerca de las nueve de la noche la lluvia paró y pudimos ir a cenar a un restaurant que tenía danzas eslavas, que me recordaron mucho a las que bailan mis amigas de la Sociedad Croata de Antofagasta.

El Lago Ohrid, nuestro cuarto destino Patrimonio de la Humanidad, superó todas  nuestras expectativas, hicimos un recorrido por la parte alta del pueblo, observando ruinas romanas  hasta llegar a la que para mí era la joya de la corona, la Iglesia de la comunidad ortodoxa macedonia, San Juan Kaneo. La iglesia erigida en memoria del teólogo Kaneo se emplaza en un acantilado de la Playa Kaneo, en el Laho Ohrid.

Regresamos al pueblo navegando por el lago, en una mañana tan linda, que dan ganas de quedarse allí disfrutando de la vida apacible de este pueblo que centra su economía en el turismo y en la producción de perlas.

Toca poner rumbo a Skopje la bella capital de Macedonia del Norte que nos recibe con una imponente estatua de Filipo de Macedonia, más allá su famoso hijo Alejandro Magno, y solo dos calles más adentro, nos encontramos la casa de otra macedonia ilustre, en este caso la Madre Teresa, que llegó luego a ser Teresa de Calcuta.

Skopje, es como una ciudad cinematográfica. Pasada la era del dominio soviético las nuevas autoridades decidieron darle una mano de gato, para dejar atrás la impronta estalinista y dotarla de un aire más parisino, para ello, mejoraron la fachada de sus edificios y dotaron a la ciudad de innumerables estatuas y espectaculares inmuebles para festejar la cultura, de ese modo, el edificio más bello no es la sede del ejecutivo sino el Museo Arqueológico de Macedonia del Norte.

Luego de almorzar en un restaurant emplazado al interior de un bazar, vamos de nuevo hacia la frontera. Esta vez nos toca cruzar hacia el pequeño país de Kosovo. Esta nación de casi 2 millones de habitantes, es independiente desde el año 2008 y tiene reconocimiento limitado. De todos los habitantes de las naciones balcánicas, los kosovares resultan más desconocidos por esta parte del mundo. Llegamos al caer la tarde a Prizren, la segunda ciudad en importancia después de Pristina la capital, pero que atrae al turismo. Sus calles empedradas, sus mezquitas y sus arboles vestidos con trajes de crochet llaman la atención a lo que se suma una inimaginable cantidad de cafeterías y bares que hacen de la pequeña Prizren, la reina de la vida nocturna.

A las 20 horas, desde una mezquita vecina a los bares llaman a la oración y la plegaria del muecín se confunde con las risas alegres de los parroquianos que intentan arreglar el mundo a su manera.

Al día siguiente madrugo para ver más de cerca al pueblo kosovar, a simple vista se puede observar que aquí conviven personas musulmanas y cristianas sin problemas.

Me detengo en un antiguo puente de piedra sobre el río Lumbardhi, rodeada de gente joven, lo que no es raro, el 53 por ciento de los kosovares tiene menos de 25 años. Niñas de jeans caminan hacia el colegio veo un grupo numeroso donde todas llevan mochila, pero una sola de las muchachas va con la cabeza cubierta a la usanza turca. Les tomo una foto y no se molestan al contrario me sonríen y me dicen algo en un idioma que me parece albanes. Las estudiantes, pasan de largo frente a la mezquita Sinan Pacha. Cruzo el rio para aproximarme a la Iglesia Católica del Perpetuo Socorro, pero me entretengo en el barrio turco donde están los vendedores de oro.

Al igual que me pasó en Ohrid, no quiero abandonar Prizren y creo que valdrá la pena una nueva visita para recorrer con más calma estas calles adoquinadas con tantos siglos de historia.

Nos dirigimos al noroeste de Kosovo para visitar el Monasterio de Decani, un gran centro religioso cristiano ortodoxo serbio, que data desde el año 1335, con una colección impresionante de íconos bizantinos, se encuentra en una zona muy conflictiva y prueba de ellos que al ingresar al lugar hay un batallón de la ONU,  de las Fuerzas de Paz que revisa nuestros pasaportes y al minibús, antes de autorizarnos la entrada..

El sitio, también ingresado al listado de Patrimonio Mundial de la Humanidad, de la UNESCO, vale mucho la pena. Atendido los conflictos de la zona recibe pocos visitantes, pero vale mucho el viaje, y la iglesia monástica al interior del complejo es una joya del arte bizantino y está dedicado a al Cristo Pantocrático.

Rodea el monasterio un bosquecillo de castaños, y en su interior hay frutales, ciruelos y damascos entre otras, futas con los cuales los monjes residentes en el monasterio hacen un aguardiente típico de los Balcanes llamado raki. En un pequeño stand los monjes venden además, queso de oveja y de cabra.

Toca acercarnos nuevamente a la frontera para reingresar a la zona de montaña llamada los alpes albaneses, donde visitaremos el Parque Nacional Balvona. Ubicado en una región alpina de increíble belleza. Alojamos en unas cabañas en plena naturaleza, miro por la ventana y descubro un par de vacas que me lanzan una mirada displicente. El grupo de va a hacer trekking mientras yo camino lentamente por los alrededores, observando ríos cascadas, flores silvestres y pastores que pasan con sus rebaños de cabras y me saludan con cortesía.

Dormimos en plenos alpes escuchando nada más el susurro del viento y fuimos despertados por canto de los pajarillos, el mugir de las vacas el balar de las ovejas y muchos otros animales que se hacen presente en el paisaje alpino.

El grupo de caminantes va a ver una cascada y luego me pasan a recoger para subir a la parte más alta de las cumbres alpinas para almorzar con una familia de pastores.

Esta fue una experiencia inolvidable, la casa de los pastores estaba en una explanada donde se veía todo el valle. Nada más llegar nos ofrecen un refresco o cerveza, en un aparte le pregunto a la dueña de casa si puedo cambiar la bebida por leche de vaca, su hija ayuda a traducir y ella se excusa que está acostumbrada que los turistas prefieren una coca-cola en lugar de un simple vaso de leche de vaca recién ordeñada. Bebí tres vasos de leche y deben haber sido los mejor de mi vida.

El almuerzo consistió en cordero asado con verduras con la gracia que todo lo que comimos fue cultivada en la granja, la cual permanece abierta seis meses al año y en el invierno cierra ya que desaparece bajo montañas de nieve.

El regreso será caminando por el monte, pero yo seré trasladada hasta donde quedo nuestro mini bus en el viejo camión Mercedes Benz, la joyita familiar que permite que se traslade a los alpes en verano.

Nuestro viaje comienza a tocar a su fin , hoy luego de dejar atrás el bello paisaje alpino nos dirigimos a tomar el ferry para cruzar el Lago de Koman, en una travesía de tres horas. En el ferry va un bullicioso grupo de la tercera edad, que nos acorta el trayecto con sus alegres cantos y bailes. Le consulto a la guía como puede ser que gente que ha sufrido una experiencia de guerra tan cruenta pueden estar tan alegres. Me responde que precisamente se trata de la experiencia de la sobrevivencia, se sienten afortunados por haber sobrevivido a una guerra. Almorzamos en el camino y luego de nuevo dirección frontera. Montenegro nos espera y llegamos al atardecer a la veraniega localidad de Budva llena de veraneantes que han venido a disfrutar de las playas del adriático. Tenemos dos opciones o disfrutamos de la maravillosa piscina y playa del hotel o nos vamos a recorrer la ciudad amurallada, optamos por la segunda opción y así conocemos algo más de Budva, prácticamente tomada por turistas rusos.

Al día siguiente nos dirigimos a la Bahía de Kotor, catalogada como la había más linda del mundo, también con un recinto amurallado, el que recorremos a cabalidad particularmente sus bellas iglesias ortodoxas con joyas del arte bizantino.

Luego tomamos un barco para dar un paseo por la bahía y visitar algunas iglesias ubicadas en pequeñas islas y al caer la tarde regresamos a Budva a tiempo para disfrutar la última puesta de sol en el Adriático.

Nuevamente rumbo a Tirana, la capital albanesa, pero antes hacemos una parada para fotografiar la icónica Isla de Sveti Stefan. Antiguamente aquí veraneaba el Mariscal Tito y sus invitados del buró político soviético. Hoy, privatizada, admite solo a magnates, por lo que seguimos de largo en busca de la frontera montenegrina-albanesa.

Tirana, bulle de actividad este martes 17 de septiembre, infelizmente no tendremos mucho tiempo para explorarla. Visitamos la Plaza de Skandenberg con la estatua ecuestre del héroes patrio del mismo nombre, el Museo Nacional de Historia y la Mezquita de Et¨hem Beu y recorrimos sus calles céntricas, que se veían seguras y apacibles.

Por la noche fuimos a un restaurant muy famoso en Tirana donde cenamos con vinos albaneses, fue una despedida triste, pero felices de haber podido aunque fuera en pequeña medida aproximarnos a estos países desconocidos, a esta parte de Europa ue es más desconocida para los viajeros.

Nos vamos agradecidos de Biki Mesuti, nuestra guía albanesa, que respondió todas nuestras preguntas, las fáciles y las complejas, y nos presentó a su escritor favorito Ismail Kadare, que luego de leerlo, puedo decir que ahora también es uno de mis predilectos.

 

About the author

Relative Posts

Loading Facebook Comments ...

comenta

Leave a Reply

Your email address will not be published.