Chile

Cumplí el sueño de navegar por el Cabo de Hornos

      Navegar por el Canal de Beagle en dirección a la austral ciudad de Punta Arenas, era mi sueño de años, aprovechamos con mi esposo una oferta de crucero que partía de Buenos Aires y nos llevaba en un crucero, previo atraque en Montevideo, Puerto Madryn e Islas Malvinas, hasta el mítico Cabo de Hornos.

El crucero duraba 15 días y les voy a relatar en varios relatos,  las aspectos más relevantes del mismo. Nuestro mayor temor era el mal tiempo que deben enfrentar los barcos que se animan a cruzar el Cabo de Hornos.

La travesía la hice acompañada del libro, “Hacia los confines del mundo” del escritor británico Harry Thomas, que narra los viajes a la Patagonia del Capitàn Robert Fitz Roy, en uno de los cuales llevó de pasajero a Charles Darwin. El libro, narra las aventuras de Fitz Roy, que llevaba la encomienda de la corona británica de cartografiar las costas de Tierra del Fuego.

Su viaje le permite descubrir el Canal de Beagle, que permite unir los océanos Atlántico y Pacífico y que antes de la construcción del Canal de Panamá, era  la única ruta que existìa para viajar de un continente a otro.

El libro de Thomas, basado en los diarios de Fitz Roy, narra las tempestades y naufragios, que debió soportar con sus hombres y las bajas que tuvo, fuera por la fuerza de la naturaleza o por el malestar de los nativos al sentir su territorio invadido por desconocidos.

Más de 280 años después la Patagonia luce tranquila. Una cálida mañana de febrero de 2019, zarpamos de Ushuahia en dirección al Canal de Beagle, no vamos preparados para lo que la naturaleza nos tiene reservado.

Navegar por el Beagle es como pasear por una avenida con nombre y apellido,  “Avenida de los Glaciares”. Así es, una serie de glaciares se suceden uno a uno, desprendiéndose desde desde el gigantesco Campo de Hielo Darwin, la mayoría de ellos con nombre europeo, Holanda, Italia, Alemania, Francia.

Un tímido sol se hace presente cada tanto y el temido viento que hemos esperado durante todo el viaje brilla por su ausencia, el paso de un océano a otro no se siente. El capitán de nuestro barco saluda de bocinazos al solitario farero de Cabo de Hornos, que nos responde con juego de luces.

Así con el Cabo de Hornos de un lado y la Isla de Tierra del fuego de otro y el temido mar de Drake, transformado en una piscina atravesamos ese destino mítico, prueba de lo cual al llegar a Punta Arenas, nos dan un certificado que acredita que hemos cruzado el cabo de hornos.

Sin duda un destino para recordar, un destino que parecía imposible y que gracias al crucero Star Princess, pudimos dar por cumplido.

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