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Camino de Santiago: etapa Roncesvalles-Zubiri: vamos subiendo la cuesta. Capítulo 4

El 20 de agosto llegamos por la tarde a Roncesvalles, con un cúmulo de emociones y ansiosas  por empezar finalmente el tan esperado camino.

El albergue de Roncesvalles, uno de los mas grandes de la ruta, es muy lindo y cómodo, tiene set de habitaciones múltiples con dos camarotes, lo que permite que si uno va en grupo de cuatro, puede compartir un cubículo.

Allí comenzamos a conocer a los que serían nuestros compañeros de ruta. La mitad llegamos de a pie y el resto en bicicleta.

Por la tarde fuimos al camino a esperar a las chicas que venían caminando de Saint Jeandu Pied de Port, y allí conocimos a los que serían nuestros compañeros de rutas en varias etapas, un grupo de adolescentes coreanos. Supimos después que se trataba de chicos en conflicto con la sociedad que eran traídos hasta  el Camino para ver si enmendaban rumbos.

Salvo que fumaban mucho y bebían sake, se comportaban como todos los adolescentes a veces dejaban puesta en la cocina una olla de arroz, se iban, no volvían y la olla se quemaba, pero aparte de eso nada mas.

Una de las niñas de unos 15 años, andaba llorosa, pero el encargado del grupo no le daba mucha importancia, un día en Estella, tanto su llanto como su aspecto se agravaron. Con la ayuda de Cris, llamaron un taxi, la llevaron al hospital y al día siguiente nos enteramos que fue operada de apendicitis. El grupo siguió con nosotros y tres etapas más adelante vimos a la operada que intentaba retomar el camino, pero la salud no la acompañó y debió regresar a Seúl.

Los coreanos, los vimos en distintas etapas pero no se si llegarían a Santiago.

Echarse al camino

Todos cual más cual menos estábamos nerviosas con la idea de iniciar el Camino o de “echarnos al camino” como dicen los españoles. Roncesvalles es una localidad pequeña, en realidad allí esta la Colegiata, el albergue de peregrinos, un hotel de lujo y restauranes para atender a los peregrinos, nada mas que eso.

Interesante resulta la visita a la Colegiata y al Museo, pero nosotros prescindimos de ese paseo para ir a esperar la llegada de nuestras amigas, Cris, Ceci y Marcia.

En el albergue hay gente de todas partes, alemanes, franceses, polacos, norteamericanos, chinos, coreanos, japoneses, daneses, canadienses y algún que otro latinoamericano.

Frente a la Iglesia hay un letrero que marca la distancia a Santiago: 790 kilómetros.

A las 20 horas algunos de los peregrinos van a una misa de bendición y ahí nos bendicen a nosotros y a nuestros implementos. Desde allí partimos llenos de entusiasmo para la primera  etapa. Son sólo 22,1 Kilómetros, y parece fácil.

Caminamos por pueblos navarros llenos de bosques de hayas, pinos negros, acebos, un árbol que en América del sur, le llaman muérdago. Los ríos no traen agua y en los pueblos que pasamos hay fuentes para beber.

Las calles de estos pueblos lucen macetas a destajo y el paso por estos pueblo es un desfile colorido de geranios, petunias, claveles.   Hasta el kilómetros trece  todo el paisaje es bello y llevadero. Ya son como las 13 horas y muchos peregrinos nos han sobrepasado, el sol cada minuto que pasa calienta más y llega un momento en que nos pega tan fuerte que hay que parar para un descanso más prolongado.

En el pueblo de Lintzoain, compramos queso, chorizo, yogurt y frutas unos duraznos muy ricos que allá le llaman paraguayas y aquí en Chile en el norte chico les dicen duraznos tortera.

Vamos subiendo la cuesta….

Y como dice Serrat, alla vamos, subiendo la cuesta, que en este caso nos lleva al Alto del Erro. A las 14 horas un peregrino francés comienza a difundir la noticia: hay 42 grados de temperatura. Mi cabeza lo resiente, la presión arterial comienza a subir, y comienzo a notar que voy perdiendo visión. Creo que aquí empezó la parte más difícil del camino si volviera a hacerlo dividiría esta etapa en dos subetapas.

Se nos acabó el agua y en esta parte del camino no encontramos fuentes ni un mísero puestito.

Llegando por fin al alto del Erro, divisamos que en la carretera hay un bar tipo trailer y que el locatario está cerrando, le gritamos a viva voz que nos espere, ya que a estas alturas correr, es algo para lo cual el cuerpo no nos da.

Casi arrastrándonos llegamos al trailer, tomamos un  Aquarius de limón y renovamos fuerza para la bajada que se viene, faltan 4,1 kilómetros para Zubiri. Parece poco pero tardamos 4 horas. Ya que María como vio el mal estado en que venía, me instaba a descansar cada 100 metros. Hubo un momento en que pensé que no llegaba, sentía que me seguía subiendo la presión y estaba muy mareada.

Finalmente a las 6 en punto ¡ 11 horas después de haber salido de Roncesvalles!, llegamos a Zubiri. Tardamos once horas en hacer los 22 kilómetros.

Una buena ducha y el remedio para la presión que venía en la mochila me ayudaron a reponerme y al día siguiente amanecí mucho mejor.

Los 42 grados de temperatura de esa etapa ahuyentaron a muchos viajeros, y las continuas descansadas en el pasto, nos hizo a varias mujeres adquirir una alergia que rápidamente se transformó en urticaria y que en mi caso, requirió ayuda médica, para lo que active el seguro respectivo.

El seguro me consiguió hora en Belorado y el médico que me atendió dijo que estas urticarias son de lo mas común en los peregrinos que se acuestan en cualquier parte, me dijo que le dijera adios a los pantalones cortos e hiciera el resto del camino con pantalones largos.   Esa recomendación, una inyección potente y un tratamiento con fármacos terminó con la urticaria en 4 días.

Logré superar esta etapa gracias a mi amiga María, a la que agradeceré por siempre.

Más antecedentes a

María Eugenia Vargas

buvarcl@gmail.com

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