America, Chile, San Pedro de Atacama

Salar de Tara: belleza superlativa

Una visita al Salar de Tara debiera ser un imperdible cuando uno va a San Pedro de Atacama, sin embargo la mayor limitación que tiene es el alto costo de los tours, 45 mil pesos, unos 97 dólares, con almuerzo incluído.

El alto precio obedece a la lejanía unos 140 kilómetros de San Pedro y parte de este tramo, unos 30 kilómetros debe hacerse por un camino de tierra, apropiado sólo para vehículos de doble tracción.
Había visitado el Salar de Tara hace unos 25 años, cuando aún estaba en proyecto el camino internacional a Jama, que nos une con Argentina,  recuerdo que en esa oportunidad partimos de Antofagasta como a las 6 de la mañana y nos llevó unas doce horas llegar a La Pacana, la parte más alta del camino a Jama, 4.850 metros sobre el nivel del mar.


Recuerdo que en esa oportunidad, hacía mucho frío, estábamos muertos de hambre y apunados, entonces no hubo condiciones para apreciar la belleza del sector, por eso tenía ganas de dar una segunda oportunidad a este Salar.
Aprovechando la visita que haría a la región el viajero Martín Daco, habíamos considerado una visita a la zona, la coincidencia de la llegada de mi cuñado Tito y su esposa Ingrid que también iban a San Pedro y lo hacían en un vehículo de doble tracción nos facilitó la vida ya que pudimos ir por nuestra cuenta y ahorrarnos los 45 mil pesos del tour y el ahorro fue bastante ya que entre los cuatro habríamos debido pagar 180 mil pesos.
Lo importante es que aún cuando uno vaya por su cuenta, debe ir detrás de un vehículo de turismo, ya que aquí hay muchos caminos alternativos y es fácil perderse.
Así un viernes salimos de San Pedro cerca de la 9 de la mañana tomando el camino pavimentado hacia el Paso de Jama. Al llegar a la laguna Diamante encontramos un vehículo de turismo, le preguntamos dónde iba y nos dijo que al Salar de Tara, le pedimos que nos dejara seguirlos y su atento chófer, Jonás, nos dijo que no había problemas, que fuéramos atrás de él y procuraría nunca perdernos de vista, y así fue, si nos deteníamos a tomar una foto el nos esperaba.

La familia Tagua

Nuestra primera parada fue en la Laguna Diamante, donde había dos nidos de Tagua, nombre popular que se da a un ave llamada,  según mi asesor ornitólogo, Rafa di Cossimo, “Gallareta cornuda”.
Estas Taguas son conocidas ya que son muy protectoras de la familia, y arman nidos móviles en las lagunas, así si a mamá Tagua, no le gusta el vecindario, pesca su nido con el pico y se traslada a un lugar seguro.
Cuando llegamos la mama Tagua, enseñaba a pescar a sus tres crías, mientras papá Tagua vigilaba atentamente que ningún turista fisgón se acercará a su familia, y aunque algunos porfiados se acercaron, papa Tagua en veloz carrera amenazó con el picotón del siglo.
La guía del grupo pidió por favor no acercarse ya que el picotón de mamá o papá Tagua puede sacar el pedazo.
La madre hundía el pico, en el agua y sacaba unas pequeñas algas verdes las que daba a su hijo uno por uno. El padre vigía, en tanto, no se relajó hasta que vió al grupo de invasores abandonar su entorno. En ese momento se unió a su pareja y ambos se fueron orgullosos hacia su nido con sus tres pequeños hijos.


Al llegar más o menos al kilómetro 100 desde San Pedro de Atacama, se alcanza la mayor altura, 4.850 metros, según nos muestra un turista francés en su GPS, estamos en la cuesta de La Pacana, un par de kilómetros más allá se divisa a la mano izquierda del camino el Salar de Aguas Calientes y frente a él, unas formaciones rocosas llamadas “Monjes de la Pacana”.
No lo he dicho pero estamos en La Reserva Nacional de los Flamencos, una zona que ofrece un espectáculo de exuberante belleza, con Lagunas, ríos y vegas con abundante flora y fauna.
Ingresamos al Salar de Aguas calientes, paramos para fotografiar los monjes de La Pacana y luego nos internamos por un camino de tierra, bueno camino es mucho decir, por una huella, unos 30 kilómetros salar adentro, hasta llegar a otro Salar, con su correspondiente laguna. Estamos en Salar de Tara, con su laguna de flamencos rosados, conocidos aquí como parinas grandes.

La laguna está flanqueada por unas estructuras y columnas volcánicas, conocidas como catedrales que se reflejan en el lago.
Aquí los turistas disponen de unas dos horas y medias para almorzar y luego recorrer la laguna observando la flora y fauna. Turistas brasileños, disfrutan viendo las vizcachas, chululos y vicuñas. El día está algo nublado pero no hace ni calor ni frio.
Cerca de las 16 horas iniciamos el regreso, pegados como siempre a Jonás, nuestro guía y a quien quedamos profundamente agradecidos.
Amigos están todos invitados a conocer este paseo definido por nuestro amigos brasileños como “A melhor beleza do Deserto de Atacama”.

Más antecedentes a
María Eugenia Vargas
buvarcl@gmail.com

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