America, Antigua, Guatemala

Semana Santa en Antigua: un imperdible

La Semana Santa es la fiesta grande de Antigua, en Guatemala, es necesario reservar alojamiento con meses de anticipación, ya que ya en cuaresma, los alojamiento empiezan ya a colgar el letrero: agotado.

Y vale la pena hacer cualquier esfuerzo para estar allí por esas fiestas, ya que se trata de ceremonias que tienen mucho contenido y es posible disfrutarla mucho más allá de si se es creyente o no.

Pero si de creyentes se trata ahí están los antigüeños a quienes la fe les sale por los poros. Pero vayamos por orden, los acontecimientos empiezan ya los primeros días de cuaresma. Los barrios se empiezan a preparar acumulando los insumos que necesitarán para construir las alfombras que instalan en las calles, para honrar el paso de las procesiones.

Estos insumos incluyen, flores, frutas verduras, aserrín y viruta de distintos colores el resto lo pone la disposición y voluntad de los vecinos.

En Antigua cada barrio tiene su iglesia y algunos más de una, en torno a ella y a sus santos y patronos, los vecinos se organizan para mantener las tradiciones ancestrales, heredadas de la conquista española.

Sin embargo los antigüeños han enriquecido la herencia española, y han mejorado muchas cosas, por ejemplo en Antigua se permite que las mujeres puedan actuar como costaleras, es decir se les reconoce el derecho a poner el hombre en el costal y poder así llevar la imagen de la virgen.

Los niños también han tenido éxito en la reinvindicación al derecho a ser costalero y costalera desde la más temprana infancia y se los ve con responsabilidad y emoción poner sus infantiles hombros para cargar al santo.

Respecto a las alfombras,  su construcción es un verdadero arte y las hay de todo tipo. Pequeñas, humildes hasta aquellas mucho más elaboradas.

Se hacen en distintas fechas desde que empieza la cuaresma, pero el mayor apogeo comienza el miércoles santo. Cada iglesia previamente, ha restaurado sus andas, dando una mano de gato a sus santos.

La procesión tiene una dinámica. Previamente a la salida del santo principal, salen unos romanos a caballo, que van caminando por las calles, pero no pasan sobre las alfombras, ese honor solo está reservado a Jesús, a la Virgen y a los patronos del templo.

Posteriormente viene el santo principal, el que si camina por sobre la alfombra, aquellas que los vecinos tardaron horas en confeccionar. En un par de minutos los pies de los costaleros han dando cuenta de ellas. Tras los costaleros viene la banda de música tocando tradicionales marchas fúnebres, clásicas como las de Chópin o Beethoven o guatemaltecas, que en este rubro tiene grandes maestros, esta era una realidad que yo ignoraba pero los vecinos de la Avenida del Desengaño, me contaron que hay grande compositores, entre ellos Santiago Coronado y Pedro Donis.

También destacan Víctor Manuel Lara, Salvador Millian y Alberto Velásquez. Estas marchan son interpretadas con gran devoción por los músicos, que es común que lleven años tocando en las orquestas, labor que después heredan sus hijos.

Luego que pasa la banda, viene un ejército de aseadores que en dos minutos, dejan la calle absolutamente limpia.

Este año vimos alfombras desde 1 metro hasta 100 metros y algunas de ellas tardaron más de 12 horas en confeccionarlas.

En una calle aledaña al hotel encontramos a un grupo familiar que hasta se mandó a hacer camisetas ad-hoc, con la leyenda “mantengamos las tradiciones”. Cerca de 18 miembros de esa familia entre grandes y chicos trabajaron toda la noche haciendo la alfombra. En la mañana cuando Jesús pasó frente a su casa estaban todos ordenados frente a la puerta principal, con los ojos llenos de lágrimas.

No lloraban por ver su trabajo reducido a escombros, lloraban de la emoción que Jesús les hubiera concedido el honor de pasar por una alfombra que ellos hicieron con tanto cariño.

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buvarcl@gmail.com

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One Comment

  • Fernando de Brito 17 abril, 2017 at 3:13 pm

    Esas tradiciones particulares que tiene nuestro continente, representan sin duda un atractivo muy especial. Yo no soy practicante, pero tengo mucho respeto por esa tradiciones. Recuerdo que en una oportunidad vi algo parecido en Nicaragua.

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