America, Brasil, Sao Paulo

Para Sao Paulo con cariño

Para Sao Paulo con cariño

Tengo un cariño especial por Sao Paulo, ya que fue mi primer destino en mi primer viaje al extranjero hace ya unos 40 años. Recuerdo que iba asustada, con muy poco dinero y el viaje, que debía durar tres días en bus, finalmente duró casi cinco, debía llegar un  jueves santo al mediodía y llego el sábado a las  3 de la mañana y bajo una fuerte lluvia. Llevaba una malata vieja y  obvio que nadie me esperaba y el terminal estaba en un barrio oscuro y peligroso. Sin celular, sin tablet, sin internet, era difícil viajar por aquellos días.
Ahora en cambio, llegué un sábado al mediodía.  En el Aeropuerto  de Guarulhos me esperaba Ivolethe una colega y amiga con la que compartí doctorado en Madrid.
Ella, junto a su amiga Isabel cargaron mi maleta y me llevaron por una autopista poco congestionada hasta el barrio de Perdices, en pleno centro paulista.
Tenía siete días para sacarle el jugo a esta mega ciudad. Almorcé y de inmediato me dirigí al memorial de América Latina, como todo en Brasil, Mega Centro Cultural, concebido por el antropólogo Darcy Ribeiro y materializado con el sello de la potencia creativa del arquitecto centenario Oscar Niemayer (Murio a los 105 años la muerte lo sorprendió trabajando con la vitalidad de un recién egresado).
Para quienes gustan de las cosas del continente, es decir nuestro terruño, vale la pena dedicarle un día entero. Queda justo en la estación Barra Funda del Metro y la entrada es ¡gratuita!


El Memorial considera una superficie de cerca de 90 mil metros cuadrados y posee varios edificios que albergan salas de exposiciones, bibliotecas, museos, pasarelas, restaurantes, salas de cine, de teatro y áreas de descanso con espejos de agua y lugares para el esparcimiento. Poco frecuentado, una funcionaria me dice, que mucha gente desconoce la enorme oferta cultural que tiene el memorial y también el hecho que no hay que pagar por la entrada.
Fue inaugurado en 1989 y desde entonces ejerce su misión de apoyar las expresiones artísticas y de la identidad latinoamericana e impulsar su desenvolvimiento creativo.
Coordina iniciativas de instituciones científicas, artísticas y educacionales de Brasil y de otros países iberoamericanos y difunde nuestra historia como pueblos latinoamericanos a las nuevas generaciones de estudiantes.
Y ahí voy sábado 4 de junio, rumbo al pabellón de la creatividad, para darme un baño de cultura en la artesanía popular latinoamericana. Entro y allí ante mis ojos recibo el impacto de la artesanía multicolor de México, Guatemala, Ecuador, Perú, de todo hay allí trajes, cerámica, textiles, nacimientos de Tlaquepaque, Guadalajara, árboles de la vida de Metepec, retablos de Ayacucho, máscaras de Guatemala y hasta réplicas de las iglesias chilenas en Chiloé y una muestra de mates de plata de Argentina.


Deambulo más de una hora, solazándome con tanta belleza y sin que nadie me acompañe. Inspecciono un mapa en relieve que está hecho en un subterráneo y que uno puede caminar por su superficie y allí encuentro dibujada mi región. Antofagasta, allí aparecen La Portada, San Pedro de Atacama y la mina de Chuquicamata, me recuesto en el suelo para tomar mejores fotografías y el encargado se acerca, creo que viene a retarme, pero no, error, viene a ofrecerme ayuda y me dice que me sienta “a vontade” de tomar las fotos que quiera. De todos los lugares visitados en este encontré las mayores facilidades para los fotógrafos.
Salgo del lugar y voy a la cafetería pido una guaraná y un café, la chica me mira con curiosidad y le explicó que soy adicta a ambos brebajes. Mi primer día en Sao Paulo es tan distinto a mi primer viaje. Paseo por el Memorial hasta las 18:30 y luego voy a hacer una visita de reconocimiento a la estación de Metro  Barra Funda, que será mi cuartel general estos siete días. Concluyó mi paseo visitando el parque “Aqua Branca”.
En casa de mi amiga Ivolethe hay fiesta, su hija Iara está de cumpleaños y disfruto de una excelente velada en la cual conozco a muchos periodistas brasileños.
Luego del trasnoche, el domingo nos levantamos tarde. Para no despertar a mis anfitriones salgo a dar una vuelta por el barrio. En la calle de mi amiga han suspendido el tránsito e instalado una feria libre, converso con los locatarios que me muestran la enorme variedad de frutas que hay en Brasil, aprendo sobre las verduras y sobre la variedad de quesos y flores.
En una esquina hay una pintada que dice “mais amor por favor”. Entro a un café atraída por el aromático sabor de café do Brasil, compro el jornal O Estado, un diario tres veces más gordo que la edición del domingo de El Mercurio.
Leo las noticias, converso de fútbol con los chicos de la cafetería, que no se ponen de acuerdo si debo llevar a mis hijos camisetas del Palmeiras, con Valdivia a la cabeza o del Corinthians, (mi equipo).

 

Tomo café y así bien informada y bien alimentada vuelvo a casa donde mis anfitriones recién están despertando. Es el momento de mi incursión al centro de Sao Paulo.
Y aunque estoy cerca de él debo hacer tres combinaciones para llegar a la Avenida Paulista, allí en la estación Parque Trianon MASP, me espera el Museo de Arte de Sao  Paulo, el más caro de todos los visitados, 15 reales, unos 9 dólares en esa época con la devaluación del real, hoy sólo pagaría 5 dólares,  y la verdad no los justifica mucho ya que hay un piso entero que está en reformas, por lo tanto se ve bien en una hora.
Todo el mundo lo conoce por el MASP, los Paulistas dicen Maspi, pero su verdadero nombre es Museo de Arte de Sao Paulo Assis de Chateaubriand. Había en cartelera una exposición muy buena “Olhar y ser visto”, mirar y ser visto un retrato del autoretrato con obras de Goya, Renoir, Rembrandt, Van Gogh, Modigliani, Touloussen Lautrec y Picasso entre otros, fue lo que más me gustó, lástima que no dejan tomar foto.
Salgo a la Avenida Paulista y me topo de frente con una manifestación contra la construcción de la Central Hidroeléctrica de Belomonte, que se construye en territorio Xingú. Hablo con algunos chicos que dicen que dicha central dejará sin casa a miles de indios Xingú y que ese es un proyecto heredado de Lula.


Los jóvenes entre escaramuzas con la policía logran tomar por momentos la calle y exponer su protesta contra esta central. Dejo a los manifestantes para hacer una visita a la Iglesia Catedral conocida como A Sé, que quiere decir Sede Episcopal. Quedan unas horas de sol y quiero aprovecharlas al máximo.
Luego debo correr a casa ya que Ivolethe ha conseguido entradas para ir a un concierto de la cantante Na Ozzetti que es a las nueve de la noche, logro combinar los trenes sin problemas y llegó a la casa con la hora justa para partir al concierto, que es realmente un derroche de talento.
Cuando salimos del teatro Ivolethe me lleva al Barrio de Liberdade, donde se emplaza la colectividad japonesa, para que vea la iluminación con linternas.

De allí a descansar ya que nuevos museos me esperan.

 

Más antecedentes a

buvarcl@gmail.com

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One Comment

  • Fernando de Brito 17 abril, 2017 at 3:18 pm

    Maria Eugenia, estoy volviendo a leer tus relatos, me parecìa que había dejado algunos comentarios, pero ahora no los encuentro, será que cambiaste la página. Me gusta que sigas poniendo relatos de Brasil, que tal como tu ya has advertido, es un destino inagotable. Debes volver a Sao Paulo para ver lo que te falto. Fernando-

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