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Vamos a Xian a ver los guerreros de terracota

Vamos a Xian a ver los guerreros de terracota

Xi’an, China — martes, 7 de octubre de 2014

 

Habíamos decidido dedicar los días 10 y 11 de septiembre para una visita a los guerreros de terracota, en Xian, localidad ubicada a poco más de 1.100 kilómetros de Beijing.

El tren normal, tarda 12 horas, por lo que le habíamos echado el ojo al tren bala, que tarda poco más de 5 horas. Compramos los tickets online y nos aseguraron que los llevarían al hotel, así contra nuestras aprensiones, cuando llegamos al hotel había un sobre esperando con nuestros pasajes.

El tren bala partía a las 08:30 desde Beijing West, por lo que habíamos previsto partir con bastante anticipación, tipo 06:30 ya que nos habían dicho que la estación era muy grande y costaba encontrar el letrero correspondiente con la ubicación de nuestro tren sumado a la revisión de tickets y bultos que demoraba bastante.

Fuimos las primeras en salir del hotel y el taxi tardó bastante por el congestionamiento matinal. Finalmente el taxi nos dejó al otro lado de la estación por un paso sobre nivel con escaleras interminables, ahí nos preocupamos por Cris, ya que si ella tenía que subir y bajar ese paso no llegaba.

Al entrar a la estación nos sellaron los boletos, pasamos los bolsos por el escáner y averiguamos que nuestra puerta de embarque era la número 8. Los minutos comenzaban a pasar y no veíamos aparecer a nuestros 4 amigos, Chico Brasil, Idalina, Cris y María no se veían por parte alguna a las 07:40 anunciaron que se abriría la puerta para entrar al andén, segunda fila y segunda revisión.

A las 08:05 bajamos hasta donde nos esperaba el famoso tren bala, yo quería tomar fotos, pero Alejandro decía que era mejor ubicar nuestro carro y nuestros asientos primero.

Finalmente encontramos el carro y los asientos íbamos los tres juntos, yo salí afuera a ver si aparecían nuestros amigos y nada, el reloj comenzó a avanzar y no aparecía ninguno de los 4. Finalmente veo a Idalina venir corriendo y atrás Francisco y nada de las chicas.

Así el tren parte puntual a las 08:30 y Cris y María no aparecen. Nos vamos muy tristes imaginando como deben estar María y particularmente Cris, lo que debe haber corrido para alcanzar a llegar y nada.

Llegamos a Xian como a las 14 horas bajo una lluvia intensa, la fila para tomar taxi tiene más de 100 metros, esperamos poco más de una hora. Francisco e Idalina parten primero y nosotros esperamos que llegue un nuevo taxi. Nos subimos, salimos del estacionamiento de la estación, que está en el subterráneo. Cuando hemos andado unas dos cuadras, el taxista para para hablar por teléfono. Luego le pasa el teléfono a Valentina. Valentina dice que es una mujer que le explica que el taxi en que vamos es un taxi especial, aunque luce igual que todos, y que el trayecto hasta el hotel nos costara 120 yuanes, es decir unos 20 dólares.

Si no queremos pagar ese precio tenemos que bajarnos y devolvernos a pie por la autopistas hasta la estación y tomar otro taxi.

Creemos que no nos queda otra y le decimos que seguiremos y pagaremos los 120 yuanes. Hemos andado una media hora en taxi, cuando advertimos que el taxista se va quedando dormido, le pido a Valentina que no le quite ojo de encima y cada tanto tiene que moverle el hombro para que no se duerma. Incluso llega un momento que casi chocamos con un muro, Alejandro lo increpa en español, de forma severa y ahí despierta un poco, finalmente y luego de 55 minutos de viaje bajo la lluvia, que parecieron eternos,  llegamos al hotel. Francisco que tomó un taxi igual al nuestro llegó mucho antes y pagó 50 yuanes.

Nos instalamos en el hotel cuando ya son como las 5 de la tarde, salimos a comer algo y a ver el barrio, donde está el hotel Ibis, donde nos hemos quedado y como la lluvia arrecia, decidimos volver por si hay noticias de las chicas.

Vencida por el sueño me acuesto como a las 22 horas y mi hija me despierta pasadas las 23 horas para avisar que las chicas acaban de llegar al hotel. Bajo hasta su habitación y me explican que el problema que tuvieron fue que al ingresar a la estación no les validaron los boletos, lo que consiste en una pequeña perforación. Por la falta de esa pequeña marca no las dejaron bajar al andén, obligándolas a cumplir con la validación, mientras hacían eso el tren partió, y no las pudieron embarcar hasta un tren que partía como a las 4 de la tarde, por lo que debieron esperar casi todo el día en la estación.

 

Por lo menos dormimos tranquilos sabiendo que ya estaba todo el grupo reunido. A la mañana siguiente nos levantamos temprano para volver a la estación, desde donde yo he leído que parten los buses  al Museo de Sitio de los Guerreros.

La estación queda a 24 kilómetros del hotel y los taxis nuevamente demoran como una hora, llegamos a la estación y preguntamos a todo el que se puso por delante y nadie supo darnos la información correcta. Finalmente Valentina indagó en su tablet, es la única que tiene Internet, y descubrió que estamos en la estación equivocada. Debimos ir a otra estación que está en el otro extremo de la ciudad. Otra hora de taxi y llegamos a una antigua estación con muchas gente y muchos soldados ya que hay una ceremonia militar.

Con el GPS de la tablet de Valentina identificamos la línea 106 de buses que va a los guerreros. en viaje directo, hay otras líneas de buses que tienen terminal en el museo pero que van parando en distintas partes y demoran mucho más, por eso hay que cerciorarse de tomar el número 106.

Finalmente pasado el mediodía estamos a las puertas de unos de los museos de sitio más famosos del mundo, Alejandro nos sugiere hacer la visita en orden cronológico, es decir visitar primero el Museo de la Edad de Bronce, luego un museo con piezas griegas y romanas que contextualiza la edad en que fueron construidos los guerreros para finalmente visitar el gigantesco hangar que acoge a los guerreros de terracota.

El hallazgo de estos guerreros es reciente, fueron encontrados en 1974 mientras unos obreros realizaban trabajos de alcantarillado, pero la construcción de estas figuras de terracota se sitúa entre los años 210-209 a.C., bajo la dinastía del emperador Qin Shi Huan y desde el año 1987 se encuentran bajo declaratoria de Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Hay muchos arqueólogos trabajando en el sitio donde se estima habría unos 8 mil guerreros bajo tierra, de los cuales solo se han extraído algunos. Se está trabajando en tres fosos y todavía hay mucho trabajo por hacer. Las figuras son de tamaño natural, miden 1.80 y la verdad, ver esa hileras de soldados de terracota produce una sensación difícil de describir.

Como vamos por nuestra cuenta no estamos apurados, así es que podemos ver tranquilamente todo, tomar las fotos y como a las 18 horas emprendemos la retirada. De camino al bus encontramos un local Subway y paramos para comer un sandwhich, no sé si fue por el hambre, pero fue de los mejores sandwichs que comí durante el viaje. Estaban tan ricos que compramos para llevar de la cena.

Volvemos a la vieja estación, donde hay miles de pasajeros intentando tomar un taxi, que por supuesto brillan por su ausencia, se nos acercan dos rickshaws (esos carritos-motos), para ofrecrenos sus servicios, no lo dudamos y por unos 4 dólares nos llevan raudos al hotel por entre la lluvia y el caos del tráfico de la hora peak.

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