Asia, Beijing, China

De la China imperial a la China industrial

De la China imperial a la China industrial

Pekín, China — domingo, 5 de octubre de 2014

El 8 de septiembre partimos en busca del país poderoso, el que está en los sueños imposibles de muchos viajeros. Temprano estábamos en el Aeropuerto Gengis Khan, de Ulan Bator. Hicimos el trámite de cheking sin problema, es un aeropuerto pequeño.

Mientras esperamos escucho mi nombre pronunciado con dificultad por el altoparlante pidiendo que me presente ante el personal de Air China. Voy, la funcionaria no me dice nada, me mira feo y me pide que la acompañe, bajamos muchas escaleras y llegamos a un lugar con muchas maletas y tres perros policiales.

Un funcionario me pregunta en ingles ¿Do you have Stones in your bag? la pregunta me deja perpleja y para relajar la situación comentó mitad en inglés mitad en español, que los únicos Stones que conozco son los Rolling.

Mi broma no le hace gracia y llama al jefe, viene el jefe, mira atentamente el contenido de mi maleta reflejada en el escáner, piensa un instante y me dice: its OK. Nunca entendí cuales eran los Stones, ya que la única joya que llevaba era una pulserita artesanal que compré en la calle y me costó 3 dólares, más las 7 tabas que costaron 1,5 dólares cada una.

Finalmente iniciamos el viaje, atravesamos el desierto del Gobi y llegamos a territorio chino, nada más ingresar se ve un ataque de desarrollismo, grandes autopistas y una agricultura absolutamente organizada, no existe en China un milímetro de tierra sin estar cultivada, eso es lo primero que me impresiona.

Debemos llegar al aeropuerto internacional de Pekin, uno de los que tiene mayor tráfico en el mundo y en ese maremagnum de personas debo encontrar a mi esposo Alejandro y mi hija Valentina que vienen a China por Estados Unidos, nosotros llegamos al terminal 2 y ellos al 3 con media hora de diferencia.

 

Hemos contactado con Andrea Mella, una chilena que junto a otros latinoamericanos tiene una agencia de viajes para hispano parlantes en Beijing, ella presta asesoría de viajes.

Les dejo su página  http://enbeijing.com/

Así Andrea dispuso que una van nos recoja primero a nosotras tres que llegamos a las 2 de la tarde y luego a Alejandro y Valentina, que llegan a las 14:30. A pesar del temor que teníamos de no encontrarnos a las 15:30 estamos los cinco arriba de la van e incluso alcanzamos a cambiar dinero.

El vehículo nos traslada en una super autopista hasta el hotel Swissotel. Lei tantas malas referencias de hostales desaseados y con cucarachas que en esta oportunidad decidimos invertir un poco más e ir a un hotel 5 estrellas, pagando cerca de 32 euros cada uno.

http://www.swissotel.com/hotels/beijing/

El hotel estaba frente a la estación de metro Dongsishitiao y cerca de todo, el personal era muy atento y la verdad disfrutamos mucho la estadía con toda comodidad después de pasar por hostales bastante precarias. Debo decir que aunque algunos encontraron caro 35 euros por persona, para los precios chilenos este es un hotel barato, ya que en Chile cualquier hotel pulgoso cuesta cien euros, especialmente en el norte.

Lo primero que aprendo nada más al llegar al hotel es que aquí en China no funciona ni Facebook ni Google, lo que quiere decir que no podré rescatar los voucher que tengo guardados en mi correo de gmail.

El gobierno chino espera que prohibiendo el acceso a estas redes, los jóvenes tengan menos posibilidades de adoptar posturas libertarias occidentales.

Alojaremos 2 días en este hotel, luego iremos a Xian 2 días y volveremos para quedar otros 8 días ya que aquí el grupo se dividirá Chico Brasil, su amiga Idalina, Cris y María harán un breve viaje a Shanghai, nosotros con Alejandro y Valentina decidimos quedarnos en Beijing ya que tenemos aquí muchas cosas para ver. Igual diez días en Beijing, se nos hicieron poco y del listado de atractivos no alcanzamos a ver ni la mitad, si, recorrimos la Plaza de Tiananmen , la ciudad prohibida, la muralla china, el Palacio de Verano, el Templo del Cielo, el Lama Temple, el Mercado de la Seda, el Mercado de las Perlas la calle Funching, el barrio tecnológico, conocido como el Silycon Valley chino, la Universidad de Beijng, el mall de la fotografía, algunos días nos dividimos, y así cada uno pudo visitar lo que quería, como dice mi hija cada vez que viajamos, “no somos siameses”, por lo tanto resulta innecesario andar siempre juntos.

En esas horas libre yo me dediqué simplemente a pasear, a observar los jardines, los parques la gente, a intentar descifrar algo más allá del carácter chino.

La seguridad en China

Si hubiera que hablar de algún aspecto negativo de China, yo mencionaría la seguridad o mejor dicho la paranoia que hay en torno a la seguridad. En nuestra primera visita a la Plaza de Tiananmen, “plaza de la Paz Celestial”, lo que menos advertimos era paz celestial, sino la molestia de miles de turistas chinos y extranjeros, ya que la plaza estaba cerrada, logramos saber que sería abierta más tarde.

Para ingresar a la plaza la gente debe ser revisada,  una por una, revisar sus ropas y pasar carteras, mochilas y bolsas por un escáner, lo que quiere decir filas interminables. Después del mal rato, finalmente poso mis pies en esa plaza de tan tristes recuerdos. No hay modo de olvidar aquellas imágenes de junio de 1989, cuando Deng Xiaping, ordenó a Li Peng, (pasaría a la historia como el carnicero de Tiananmen) disparar contra estudiantes y trabajadores que llevaban varios días protestando en la Plaza.

Nunca quedó claro cuántos murieron, unos dicen 800 otros elevan la cifra a 2.600, el caso es que por ahí mismo por donde nosotros vamos caminando, pudo caer abatido el cuerpo de un estudiante o un trabajador, que su único sueño, era un sueño de libertad.

El Gobierno chino no quiere que se repitan estas protestas y para ello ha dispuesto un cerco férreo en torno a la plaza y todos aquellos jóvenes con rasgos manchures o mongoles pasan a ser sospechosos, y deben exhibir a los policías sus documentos de identidad. Fui dos veces a la plaza, una con Alejandro y mi hija y otra con Cris y María, y en las dos oportunidades sentí la misma sensación de opresión mientras hacía la fila para la revisión. Al centro de la Plaza el Obelisco, desde donde los estudiantes hacían oír sus voces, al fondo el Mausoleo de Mao, nos dicen que hay que llegar a las 4 de la mañana para conseguir un buen lugar en la fila, a un costado el palacio de la Duma y los edificios oficiales con la foto de Mao. Mao, es un recuerdo, al igual sus biblias y sus uniformes otros tanto, ahora los jerarcas que salen del edificio del PC, lucen ternos de Armani,  de Versace de Ferragamo, se acabaron los cuellos Mao, los trajes Mao, ahora la moda es ir fashion.

Esta misma paranoia de la seguridad percibo mientras visito la Universidad de Pekin, cientos de guardias en sus motos eléctricas silenciosas me enfrentan y me sobrepasan, y yo me pregunto, tanta seguridad para vigilar a unos miles de estudiantes. Conocemos mientras paseamos a dos alumnos norteamericanos que han venido a estudiar chino, llevan un mes, y nos comentan sus primeras impresiones, están felices, creen que aprenderán mucho y conviviendo con los alumnos chinos podrán hacerse una idea mejor de cómo es la vida aquí.

Desarrollo industrial y censura.

Visitando el Silicon Valley chino uno puede advertir el nivel de industrialización que ha alcanzado este país, merced a su desarrollo tecnológico.

Este desarrollo sin embargo no alcanza a todos, los adelantos en la informática salen de las usinas chinas pero no están a disposición de los chinos, por ejemplo las cámaras go-pro, se producen aquí pero no se venden al público, igual las últimas versiones del Ipad o de la tablet Samsung, cuestan más caro que en occidente.

Los jóvenes intentan burlar la censura china, contratando espacios VPN e intentando abrir espacios de libertad en las redes sociales chinas. Había visitado hace unos 20 años la Isla de Taiwán, pero la imagen que me quedó en esa oportunidad ha cambiado en 180 grados en los últimos años.

Esto se advierte por ejemplo en el comportamiento de los niños, hace 20,  años me hacen presente que la disciplina, la obediencia y el respeto a los mayores son principios básicos en la crianza de los niños chinos. Hoy con la política del hijo único ese niño se ha transformado en un pequeño emperador, que hace pataletas por todo, desobedece a sus mayores y se ha transformado en un verdadero monstruo. Nos explican que es por el hecho que al haber un solo niño por familia todos los mimos se centran en ese único niño, el cual rápidamente toma cuenta de la situación.

Este niño, además, se está transformando en un chino  gordito, atendida su afición irrefrenables a la Coca-Cola y a la papa frita.

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