Asia, Mongolia

Mongolia, por las tierras de Gengis Khan

Mongolia, por las tierras de Gengis Khan

Ulán Bator, Mongolia — viernes, 3 de octubre de 2014

El primer taxi que tomamos para cambiarnos de hotel, pasó frente a la plaza de Gengis Khan y el taxista nos corrige, no se dice Guenguis Kan, se debe decir Chinguis Khan, la plaza es impresionante, con una enorme explanada y la estatua del guerrero al fondo.

De los países a visitar en esta oportunidad, del que menos referencias teníamos era de Mongolia, solo que en el turismo de aventura está de moda, todo el mundo quiere visitar Mongolia y desplazarse hasta el Desierto del Gobi.

Con un territorio de estepas bastante amplio tiene apenas casi 3 millones de habitantes un tercio de los cuales vive en su capital Ulan Bator y de su pasada gloria de ser el Imperio más fuerte del mundo en el siglo XIII y de que su líder era el azote de Asia, quedan solo los recuerdos y los mitos.

Gengis Khan, fue un guerrero excepcional, el unificador de las tribus nómades, defensor a ultranza de la raza mongola y sus costumbres nómades, fue conocido como “el azote de Asia”

Dicen sus historiadores que fue el inventor de la guerra psicológica y de las armas biológicas, solía tirar los cadáveres de las víctimas de la terrible peste bubónica, mediante catapultas a las ciudades enemigas bajo asedio.

Famoso era también su arrastre entre las mujeres, llegó a tener 36 esposas y miles de concubinas. De hecho un estudio internacional de ADN demostró que alrededor del 8% de la actual población mongola comparte con el guerrero el mismo cromosoma Y. Se piensa que son descendientes directos de él, ya que este cromosoma se transmite a todos los varones y siempre se hereda del padre.

Gengis Khan entregó su vida luchando por la mantención de la cultura mongola, de su religión de entonces, el  chamanismo.

Hoy la mayoría son budistas, cambiaron la guerra por la paz, y en la plaza donde se alza la estatua del guerrero comparte vecindad con Louis Vuiton, Gianni Versace, Cristian Dior, Giorgio Armani y todos esos occidentales cuya influencia siempre combatió. Si despertara se revolcaría en su tumba al verse rodeados de tantos “enemigos” occidentales.

Pero su pueblo no lo olvida a unos 54 kilómetros del centro de la ciudad se construyó la estatua ecuestre más grande del mundo.

Allí el fundador del imperio contiguo más extenso del mundo, se alza vigilante sobre la estepa mongola, en la localidad de Tsonjin Boldong, donde según la leyenda a la edad de 15 años, encontró el látigo de oro con el que azotó a sus enemigos.

La estatua inaugurada el 2008  está construida en acero y se alza cincuenta metros desde el suelo, con 250 toneladas de peso.

Al interior del monumento hay un museo dedicado a la edad del bronce, un restaurant y hasta un ascensor que sube por una pierna del caballo y  conduce a los turistas hasta la cabeza del animal, ahí uno sale y se encuentra frente a frente con el rostro del gigantesco jinete.

 

El pedestal de la estatua cuenta con  36 columnas  que significan los 36 kanatos del imperio mongol.

Para completar el complejo se están sembrando diez mil  árboles en la estepa, donde se instalaran 200 yurtas, la tienda original de los mongoles y que ellos llaman “ger”

El día que fuimos estaba lloviendo, pero ni la lluvia ni el frío empañó la emoción de esa visita. Y para incrementar esta emoción hay disponibles para los visitantes trajes de época para participar así en una auténtica fiesta mongola. Yo volveré algún día a Ulan Bator, solo para ver el acero de la estatua brillar al sol y con la estepa de fondo.

 

La capital mongola tiene muchos atractivos, nosotros recorrimos la Plaza Gengis Khan y sus alrededores, vimos muchos centros comerciales, que venden la afamada cachemira mongola, visitamos sus templos budistas, Choijin, transformado en museo y Gandam el templo budista más grande de Mongolia y que fue el único que se salvó de la picota soviética.

Juego de las tabas

Quiero compartir con ustedes algo curioso que me pasó en el Museo de Choijin, cuando yo era niña y vivía en Salamanca, Chile, al interior de la cuarta región nos entreteníamos jugando a las tabas, que se juega con un set de doce huesos de cordero o cabra llamados tabas, aunque su nombre  es astrágalo y que de acuerdo a como lo jugábamos nosotros requería de una pequeña pelota.

Había allí en la tienda del museo,  tabas para vender, pregunté por ellas y en un inglés rudimentario la vendedora me explicó que era el juego  que más gustaba a los niños mongoles, que lo habían jugado sus abuelas, sus madres, ellas y sus propias hijas.

Yo le conté que mi abuela mi madre y yo jugamos a las tabas, pero ya la generación de mi hija cayó bajo el embrujo de los juegos electrónicos y ella ni conocía las tabas.

Observando a esa mujer Mongola de unos 35 años, me sentí emocionada que estando en dos continentes tan alejados uno de otro hayamos compartido en nuestra infancia la misma diversión.

No me animé a comprar un juego completo de tabas es decir 12, por temor a que me las requisaran en el Aeropuerto, donde quitan cualquier producto de origen animal o vegetal, solo compré 7 las que llegaron sanas y salvas a Chile.

Después en otras tiendas turísticas y también en el aeropuerto, encontré tabas. ¿Saben como se llama el Aeropuerto de Ulan Bator…obvio, Gengis Khan.

A pesar que había leído que en la ciudad había muchos borrachos y era insegura, la verdad que no percibimos nada de eso, por el contrario, me pareció una ciudad segura, hasta nos animamos con María a andar en tranvía por la Avenida de la Paz, la arteria principal y que atraviesa la Plaza Gengis Khan.

Siempre que llegábamos a un lugar visitábamos los alrededores para ver si había super mercados o fruterías. Y encontramos cerca un supermercado. Vimos muchos trabajadores de la construcción comiendo en un restaurant aledaño, intuímos que la comida debía ser muy buena. Le echamos el ojo a un plato de fideos con carne para llevar, muy barato, menos de 4 dólares, solo que nos dieron como un kilo y medio de fideos por cada una, con pena tuvimos que tirar lo que sobró, pero que estaba rico, estaba muy rico.

Comprábamos en ese super, tomates, pepinos, en Asia se come mucho pepino, la gente lo come como fruta, no como verdura, comprábamos también aceitunas, yogourt y leche. La costumbre mongola es acompañar las comida, almuerzo y cena con un vaso de te con leche caliente, nunca pudimos seguir esa costumbre.

Al igual que en Rusia, se vende mucho el vodka y también vimos por allí vino chileno.

Monasterio de Gandantegchenlin

Dedicamos una mañana a ver el Monasterio de Gandantegchenlin, aunque la gente le dice simplemente, Gandan. Bastante impresionante, aunque venido a menos, le falta restauración y sin duda higiene.

A diferencia de otros monasterios que visitamos,  aquí se puede ver a los monjes, haciendo su vida cotidiana, y dentro de lo cotidiano hablar por teléfono móvil parece ser lo más frecuente.

Vimos también muchos monjes-niños. Como fuimos en domingo estaban los familiares de los monjes-niños, los que era reunidos en un templo especial para almorzar, y comían la comida con la mano.

Aquí tuve una diferencia de opinión con un monje. Pagamos una entrada para visitar el complejo del monasterio, pero para ver la estatua del buda más grande de Mongolia había que pagar aparte, 5 dólares en moneda nacional  9.906, tugriks en moneda mongola. pagué con un billete de 20 mil tugriks y reclamé el vuelto, pero el monje dijo que el vuelto había que entenderlo como una contribución al templo.

Bueno, así las cosas entré e iba a tomar unas fotos, cuando se acercó el monje de nuevo y me dijo que no podía tomar fotos, ya que sólo había pagado la entrada, y si quería tomar fotos debía pagar 5 dólares más. El tema era que tenía solo billetes de 20 mil tugriks y si pagaba de nuevo con uno iba a volver a dejar el vuelto, no sabía qué hacer.

En eso se acercó una chica mitad japonesa mitad mongola que me preguntó en inglés si tenía algún problema, le expliqué lo que había pasado y me dijo que no me preocupara, que ella haría una aporte generoso al templo, para que la dejarán poner en el altar una ofrenda en recuerdo de su abuelo, y que ella me incorporaría a su grupo familiar y así podría tomar fotos sin problemas.

Lástima el espíritu mercantil de los monjes, me privó de apreciar la enorme fe con que los fieles van a hacer sus ofrendas, previa contribución, conversamos luego afuera con Elka, así se llamaba la chica, le presenté a mis amigas y ellas nos presentó a su familia.

Ella vive en Japón de padre japonés y madre mongola hicieron el viaje solo para hacer la ofrenda en memoria de su abuelo japonés.

El templo es muy grande y está enclavado en un barrio residencial, para verlo bien hay que dedicarle media tarde o media mañana. Hay que protegerse de las palomas ya que hay miles, los fieles que van las alimentan con alpiste que venden a la entrada del tempo y al final, las palomas que pasan por inocentes aves, contribuyen a incrementar la insalubridad del lugar.

 

Cerca del nuestro hotel visitamos también el Monasterio de Choijin, que ya no funciona como tal sino como museo. A la salida coincidimos con una boda, saludamos a los novios, y nos fotografiamos con su familia, la novia no quiso salir en la foto, ya que según ella en esta etapa debe esperar a que el matrimonio se formalice, antes de poder fotogafiarse.

Recorrimos la ciudad y fuimos atesorando distintos momentos de un pueblo tan diferente y tan alejado a nuestra realidad, si me preguntan si volvería, espero hacerlo y visitar en esa oportunidad el  Desierto del Gobi.

Debo decir que Ulan Bator no es una ciudad cara, y hay restaurantes que ofrecen comida occidental, pero si le gusta puede comprar en supermercado y hacerse sus propios alimentos.

 

About the author

Relative Posts

Loading Facebook Comments ...

comenta

Leave a Reply

Your email address will not be published.