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Atravesar Siberia en busca de Irkutsk

Atravesar Siberia en busca de Irkutsk

Irkutsk, Rusia — miércoles, 1 de octubre de 2014

Estábamos nerviosas con este viaje, 2 días y 3 noches y en tercera clase en el camarote de arriba y separadas de Cristina que tenía un camarote aparte.

Después que la provodnitza nos revisó el pasaje y nos dio el visto bueno para encontrar nuestro camarote, nos llevamos una sorpresa, compartiríamos camarote con un matrimonio ruso, que tenían los dos asientos de abajo, y María y yo teníamos los camas de arriba, solo que una de ellas estaba desocupada en la otra había un chico ebrio que dormía a pata suelta.

Llamamos a la provodnitza para que pusieran orden y después de varios conciliábulos logró despertar al muchacho que resultó ser un soldado. Los soldados no pagan pasaje y deben usar los asientos que están disponibles.

La pareja rusa conversa y tengo la impresión que hablan de mí, al final con señas, me indican que él, dormirá arriba y me cederá su asiento abajo. No se imaginan el alivio que siento, subir era complicado para una persona subida de peso como y, en cambio él, de un simple brinco ya estaba instalado en la cama de arriba. En tercera clase, los camarote no tienen puertas van abiertos enfrente de estos camarotes hay una fila de camas a lo largo, en una de ellas va Cris, así es que igual quedamos juntas.

El viaje en tren resulta muy grato, nos podemos preparar desayuno, almuerzo, cena y en cada parada del tren hay vendedores.

En todos los carros hay un listado con las paradas que hace el tren, la hora que ingresa a la estación y la hora que sale.

Así transcurren los días, luego viene la noche nuevamente a ordenar la cama y a dormir. Siberia no es como una se la imagina, es menos Archipiélago de Gulag y por lo  menos en esta época, verano, no luce como un lugar de reclusión.

Pantanos, lagos ciénagas, tundra, ríos y bosques de abedules, muestran un paisaje, a veces soleado a veces lluviosos y cada tanto un pueblo una ciudad, vertebrados todos por el ferrocarril, sin duda la vía de comunicación por antonomasia de Siberia.

Los pasajeros se renuevan cada tanto., el resto,  irá de Moscú a Shita última parada del tren. Además del matrimonio ruso, que fue de gran ayuda y apoyo durante el viaje, hicimos dos amigos más durante el viaje, Vania, un niño de tres años y Sofia de 8, los niños tienen paciencia y más tolerancia al ridículo, por eso aún cuando uno no entienda el idioma puede comunicarse con ellos.

A Vania como tenía las manos sucias, le pasamos una toallita refrescante para que se limpiara, después de eso el iba cada diez minutos a nuestro asiento y decía “Vania quiere una toallita”, bueno entender que quería eso nos llevó como media hora.

Sofía viajaba con su abuela su cama estaba bajo la de Cris y nosotros ayudamos a su abuela a armar la cama y a desarmarla, tanto Vania como Sofia comían un puré de papas instantáneo que después probamos y nos hicimos adictas. Estos niños ayudaron a acortar nuestro viaje.

Tal como esperábamos el tren llegó a las 03:30 horas de Moscú 8 y media de la mañana hora de Irkutsk, luego de cruzar el caudaloso río Angara, que nace en el Lago Baikal. Nos despedimos con pena de nuestros amigos y buscamos un taxi que nos llevará hasta nuestro hostal, “The Best hostel in Irkutsk”, ubicado en la calle principal, la Avenida Karl Marx o Karla Marxsa, donde reservamos una habitación triple con baño privado. El hostel en el segundo piso, está muy bien, muy limpio con una cocina americana amplia, solo que al entrar hay que descalzarse.

 

Teníamos previsto estar un día en Irkustk, y luego tres días en el Lago Baikal, pero después de analizar la situación decidimos quitarle un día al lago y volver a Irkutsk a dormir. Esto nos permitiría dejar aquí nuestras maletas y viajar al lago con un bolsito pequeño, ya que nuestras maletas estaban muy pesadas y habíamos visto que los minibuses que iban al lago Baikal no tenían espacio para maletas.

 

Irkutsk, a quién algunos han apodado como la París de Siberia es una ciudad muy linda y considerando la cantidad de tiendas de marca que hay en la Avenida Karl Marx, hace honor a su nombre.

 

Caminamos en dirección al río, vemos su universidad, sus teatros, su barrios antiguos con casas de madera, sus iglesias, y terminamos cenando en un bello restaurant francés el “Marcopolo”.

 

El 30 dejamos guardadas nuestras maletas y partimos a lago Baikal, fue una excelente idea dejar las maletas y así viajamos más cómodas llenas de entusiasmo, ignorando los momentos difíciles que viviríamos más adelante.

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