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En tren a Moscú

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En tren a Moscú

Moscú, Rusia — miércoles, 1 de octubre de 2014

Así después de ocho horas de viaje llegamos a la estación Leningradsky en Moscú, aquí nos sentíamos desamparadas, no habría nadie esperándonos y deberíamos apañárnoslas solas para llegar hasta nuestra hostal.

Bajamos nuestras maletas, nos despedimos de la provodnitza y salimos a ganarnos la vida. Fuimos abordadas por muchos taxistas que ofrecían llevarnos y al final por una cuestión de feeling elegimos a uno que resultó tener muy buena disposición.

No conocía la hostal Godzilla en el centro de la ciudad, así es que averiguó con sus colegas y acordamos el viaje con una tarifa de poco más de diez dólares. Lo malo que salió por una lateral y no pudimos ver la hermosa estación de Leningradasky ni la plaza de Komsomolskaya, lo dejamos para otra ocasión, solo que no regresamos ya que en nuestra siguiente partida lo hicimos desde la estación Kazansky.

Durante el trayecto el taxista, nos fue mostrando los atractivos de Moscú, mientras se dirigía al hotel y a pesar de sus magros conocimientos del inglés hizo los esfuerzos. Y se mostró encantado de llevar pasajeras de Argentina, México y Chile. Dijo conocer a Maradona y Salvador Allende y nos hizo sentir bienvenidas en Moscú.

Finalmente llegamos al hostal, donde los residentes del Godzilla estaban recién despertando. Nos registramos en habitaciones dobles, con baño compartido y nos indicaron la rutina, había una cocina, lavadora e internet para los huéspedes, si necesitábamos un taxi ellos lo llamaban y cobraban por este servicio una pequeña comisión.

Conocimos nada más llegar al  hostal un viajero brasileño, que nos comentó que la mejor forma de ir a la Plaza Roja era caminando, nos indicó donde estaba el supermercado y nos habló del barrio.

Tomamos un taxi para ir a la Embajada de Mongolia a conseguir el visado y al mediodía ya estábamos libres para iniciar nuestro acercamiento a Moscú.

Nos dirigimos a la peatonal Arbat, una calle llena de negocios de recuerdos turísticos. De allí nos dirigimos al Kremlin y aprendimos lo primero de Moscu, sus avenidas son enormes y la única forma de cruzarlas es por pasos bajo nivel. Después de cruzar las primeras 2 avenidas, nuestras rodillas ya estaban protestando. Para ingresar al Kremlin hay que pagar y hay unas filas enormes. Dejamos ese paseo para el día siguiente y nos vamos a la Plaza Roja en busca de la tumba de Lenin.

 

Lo malo es que la Plaza estaba intervenida, se había construido un escenario gigantesco y la tumba de Lenin no se veía por parte alguna. Cruzamos la Plaza por un costado de los almacenes GUM para dirigirnos a la Catedral de San Basilio, la que solo vimos por fuera ya que también había mucha fila. Paseamos por la Plaza y decidimos regresar a la hostal, ya que nos preocupaba regresar ya que como habíamos venido caminando desde la Embajada Mongola, ahora debíamos buscar el camino cierto para volver.

Estábamos en el metro que está bajo la plaza intentando descifrar el mapa para encontrar el regreso al hotel cuando se acercó un señor español, que nos ofreció ayuda. Nos acompañó hasta la calle que llegaba al hotel y nos recomendó algunos negocios para comer en la parte trasera  del Teatro Bolshoi.

Así como este atento señor español encontramos mucha gente dispuesta a ayudar, también taxistas que querían estafarnos, pero entre unos y otros fueron siempre más las almas caritativas que las negativas. Finalmente encontramos la hostal, fuimos al super y compramos los productos para hacernos la cena.

Nuestro segundo día en Moscú, partió muy temprano hemos quedado con la viajera brasileña Beterilla encontrarnos en el Paseo Arbat y como no conocemos damos una vuelta enorme rehaciendo el camino que hicimos ayer, cuando podríamos haber tomado un atajo desde el hotel. Desisto a mitad del paseo le pido a las chicas que sigan adelante y yo me quedo esperándolas en una tienda de Dunkin Donuts. Media hora después vuelven con Bete, que alegría encontrarnos después de tanto tiempo. Ella está en Moscú para hacer un crucero, así es que dispone de poco tiempo el que aprovechamos poniéndonos al día. Nos lleva de regalo unas rosas hermosas con una cinta que me acompañó todo el viaje ya que la usé para amarrar la mochila.

Después de conversar con Bete, volvemos a Kremlin, tenemos la idea de hacer un recorrido por las afueras del edificio, para poder cruzar el río Mockba y volver a la Plaza Roja, a ver si ahora podemos ingresar a San Basilio.

Este recorrido es bastante extenso y agotador con subidas y bajadas, pero permite obtener muy buenas vistas de las catedrales que hay al interior del Kremlin. Vemos algunos barcos de turistas que navegan por el río. Llegamos a San Basilio, la fila ha rebajado y aprovechamos de ingresar, luego de lo cual vamos a conocer los tradicionales almacenes GUM, donde evidentemente no compramos nada de marca, solo aceptamos una oferta de sandia en trozo por 3 dólares.

De allí nos dirigimos al sector del Bolshoi donde vamos al bar Kamchatka, que debe ser de origen uzbeko o kurdo con una comida bastante buena y de precio razonable,tomamos una cerveza helada muy buena.

Volvemos al hotel y aprovechamos de recorrer el barrio visitando templos ortodoxos y una exposición de esculturas que hay cerca de casa, luego vamos en busca de un lector de tarjeta, ya que la que trae el computador se ha estropeado.

Nuestro tercer día en Moscú amanece con amenaza de lluvia, caminamos de nuevo hacia la Plaza Roja, ya que es el único itinerario que conocemos, queremos ver bien el teatro Bolshoi decidimos tomar el bus que hace el City tour, que nos lleva por casi todos los sitios que vimos el día anterior, incluyendo la circunvalación del Kremlin. Vemos en nuestro recorrido varios novios que se toman fotos en los lugares emblemáticos.

Estos novios se transportan en limusinas Mercedez Benz o Hummer y aquí aprovecho la ocasión de decir que si hay algo que caracteriza el centro de Moscú, es el lujo o la ostentación que de él se hace. Ni en Nueva York vi tantas limusinas como en Moscú.

Las mujeres, sin duda entre las más lindas del mundo, van vestidas como si fueran a una fiesta, altas en extremo lo que incrementan con tacones de 20 centímetros, todas usan carteras de lujo y ropa de marca, da la impresión que todas las rusas que uno ve son modelos.

En un negocio de comida rápida compartimos mesa con una de ellas y mientras nosotros dábamos cuenta de una pizza gigante , coca cola y postre incluído, ella ingirió solo 2 hojas de lechuga, tres trocitos de champignon y medio vaso de agua.

Visitamos algunos centros comerciales, sin comprar nada evidentemente, y como la lluvia nos sorprendió en el centro entramos al  exclusivo Café Vogue en la peatonal que está atrás del teatro Bolshoi, tres cafés y unas cositas pocas para acompañar y la cuenta sobrepasa los cincuenta dólares.

Bueno tercer día en los alrededores de la Plaza Roja y seguimos sin encontrar la tumba de Lenin, quedará para otra ocasión, junto con el Parque Gorki y otros atractivos que en esta oportunidad no alcanzamos.

Nos dirigimos al hotel para arreglar nuestras maletas ya que mañana nos toca continuar viaje hacia Ekaterimburgo.

Temprano hacemos el checking y en la salida coincidimos con un grupo de 9 chicos alemanes que hacen el tramo directo, Moscú-Irkutsk, llevan comida como para un regimiento. Salimos y está nuestro taxi esperando, cargamos maletas y nos acomodamos las tres, cuando estamos listas para partir, viene la chicas del hostel y nos dice que nos hemos equivocado que ese taxi es de los alemanes, descargamos maletas y seguimos esperando, tomamos un segundo taxi y un tercero, y de los dos también nos hacen bajar, cuando llega el cuarto taxi averiguamos bien, ya que hemos desarrollado músculos con tanta maleta sube y baja.

Finalmente llegamos a la estación de Kazansky, la plaza que la precede se ve bonita, pero no nos animamos a sacar la cámara de fotos. Hay mucha gente y nos han recomendado extremar las medidas de seguridad.

Tenemos que identificar el andén en que saldrá nuestro tren, que tiene el número 118, en esta oportunidad estaremos las tres juntas en el mismo camarote y será un viaje con alimentos, así es que no tenemos que preocuparnos. Nuestro tren saldrá a las 13:20 horas y tardará unas 27 hasta llegar a Ekaterimburgo.

La gente viaja como Ekeko, con muchos bultos y lleva mucha comida, Finalmente estamos arriba del coche y sentimos que de algún modo aquí empieza nuestro transmongoliano. Vamos las tres solas en el camarote, ya que al parecer la cuarta cama, no tiene dueño.

 

El tren parte lentamente creo que somos las únicas extranjeras del carro. De inmediato los rusos inician peregrinación al Samovar en busca de agua para el té, toman té, duermen, se levantan hablan por teléfono y en las paradas bajan a fumar. Nosotros hacemos lo mismo que ellos, menos fumar y además miramos el paisaje y tomamos fotos.

Hacemos una visita al coche comedor donde los empleados se aburren ya que no tienen clientela, no tienen café sólo té. Así pasan las horas esperando nuestra llegada a Ekaterimburgo, prevista para las 16 horas.

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3 Comments

  • Fernando de Brito 17 abril, 2017 at 3:11 pm

    Moscú es de esas ciudades que todos soñamos algún día visitar, yo la tengo in mente, pero estoy esperando que alguien más se anime ya que se me ocurre que no es una ciudad a la que se pueda llegar en solitario. Si sabes de interesados en visitar Rusia, me avisas por favor, quedaré agradecido.

    Reply
    • Maria Eugenia Vargas Pasten 3 agosto, 2017 at 1:31 am

      Fernando, hay que ir a Moscú y permanecer allí varias semanas ya que hay mucho para ver.

      Reply
    • Maria Eugenia Vargas Pasten 3 agosto, 2017 at 1:33 am

      Si te encuentro razón, Moscó es una ciudad para visitar en compañía, ya que todo motiva al diálogo y como el ruso no es un idioma que la mayoría de los viajeros manejemos la comunicación es difícil.

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