America, Brasil

Paraty: fiesta divina

Paraty: fiesta divina

 

El objetivo,  en este caso era Paraty, analizamos varias opciones de transporte, autobús, alquiler de auto, o bien contratar una van que nos llevara a cinco viajeras.

Desechamos el bus, ya que significaba gastar dinero en taxi hasta la Rodoviaria de Río y luego al llegar a Paraty, desde la Rodoviaria a la hostal, desechamos también el  alquiler de auto, por lo congestionada que era la vía.

Finalmente aceptamos la sugerencia de nuestra amiga  carioca Tina de contratar una van que era más cara pero nos recogía en la puerta de la casa y nos traía de vuelta sin pasar por la Rodoviaria y tardaría la mitad de tiempo que el bus, que realiza muchas paradas a lo largo del camino.

Paraty queda a 261 kilómetros de Río por la ruta que une Río y Santos.

Partimos como a las 8 de la mañana y tras mucha congestión logramos abandonar el Gran Río para tomar la ruta hacia Angra dos Reis y luego Paraty.

Llegando a Angra pedimos al chofer hacer una breve parada para tomar fotos del archipiélago. Yo decidí cruzar la carretera y subir a un cerrito para tener una mejor vista, con lo que me alejé del grupo. Subí a la cima y efectivamente la vista era ¡espectacular!, me aprontaba a tomar la foto, pero decidí retroceder un paso para mejorar la visión. ¡ Craso error ¡, no me di cuenta que había un desnivel en el terreno y protagonicé una aparatosa caída, carente de todo estilo. Caí de espaldas al pavimento, intenté frenar la caída afirmándome en un codo, mientras mi amada cámara Nikon volaba sobre los aires, cayó al suelo y el lente normal, a pesar de su cierre de bayoneta se desprendió del cuerpo y ambos rodaron cuesta abajo, mientras yo hacía esfuerzos por pararme con el brazo derecho paralizado por el dolor.

Estaba demasiado lejos del grupo y nadie podía ayudarme, así es que como pude me incorporé y baje en busca de lo que quedaba de mi cámara fotográfica, el lente estaba roto, y el cuerpo parecía estar en condiciones aún. Después de esta experiencia siempre que viajo llevo una cámara de repuesto.

Felizmente la viajera Tina llevaba un pequeño botiquín y me curó la herida del codo, el chófer me preguntó si quería ir al Hospital para que me revisaran, pero yo le dije que creía que no era necesario, y que era mejor seguir hasta Paraty. Probé el cuerpo de la cámara con el lente zoom y funcionaba así es que en el resto de viaje solo podría tomar primeros planos.

Bueno superado este incidente bochornoso, seguimos a Paraty, la ciudad más linda de Brasil, que he visto. Con un casco antiguo reservado solo para peatones, sus caserones restaurados, y las palmeras del pequeño puerto, dan a este sitio un rótulo de “lugar inolvidable”.

Tina había reservado alojamiento en una pousada llamada Cigarras, ubicada dentro del casco antiguo en la Rúa del Rosario y frente a la Iglesia del mismo nombre. La pousada estaba muy bien, las habitaciones tenían baño privado, estaba muy bien alhajada y el desayuno era rico y abundante.

Administrada por una dama mayor de 80 años, tenía un cálido ambiente de familia.

Fiesta divina

Nuestra llegada a Paraty se produjo en plena fiesta grande, a “Festa do Divino”. La fiesta religiosa en homenaje al Espíritu Santo, representado en una paloma blanca, convoca a todo el pueblo y a decenas de personas que llegan de localidades vecinas.

Hay ambiente de fiesta, guirnaldas con los colores de la fiesta: rojo y blanco cuelgan desde todas las esquinas, y la gente saca sus estandartes y mantones y los cuelga en las ventanas y terrazas.

Durante todos los días que dura la fiesta, las actividades se concentran en la Iglesia de la Matriz, ubicada en el casco antiguo. Hasta ella llegan cada día las procesiones de los distintos barrios con sus estandartes rojos y que hacen uso del derecho a que su párroco celebre la misa.

Acompañados de una banda de música recorren el pueblo invitando a propios y extraños a acompañarlos en la misa.

Además del rezo del rosario, misa para los enfermos y la misa diaria de las 20 horas en la Iglesia de la Matriz, las fiestas consideran actos culturales, una feria comercial y comidas populares financiadas por los “fiesteros” vecinos ilustres que han recibido el honor de encabezar las fiestas y abrir sus casas para guardar en ella los estandartes.

El domingo en la fiesta de pentecostés, se libera un preso, se hace una misa solemne, se reparten dulces para los niños y comienzan los preparativos para el próximo año, para lo cual se habrán designado a los vecinos ilustres a los que se les otorgará la condición de “festeiros”.

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